Voy a empezar con una confesión que no suelo hacer en la primera cita: estoy viendo Gran Hermano.
Sí, la edición número veinte. Telecinco. La “charca”. Lo sé.
Pero no lo veo por el cotilleo, sino por deformación profesional. Para mí, esa casa es un laboratorio de comportamiento humano fascinante. Allí dentro, los concursantes viven en una tensión constante: la de interpretar un papel pensando en cómo les estarán viendo desde fuera.
Y aquí viene la mala noticia: Tú haces exactamente lo mismo.
Aunque no tengas cámaras grabándote 24/7, tú también vives actuando según un guion que, muchas veces, ni siquiera has escrito tú.
Hoy vamos a hablar de la mentira que te cuentas a ti mismo y de cómo cambiar el canal.
¿Quién crees que eres?
Hay una diferencia abismal entre preguntar “¿Quién eres?” y “¿Quién crees que eres?”.
Ese pequeño “crees” lo cambia todo. Indica que tu identidad no es un bloque de granito, sino una construcción subjetiva. Para poner orden en este lío mental, diferenciemos tres conceptos que solemos mezclar:
Autoconcepto: Lo que crees que eres (las etiquetas que te cuelgas).
Autoimagen: Cómo te ves (tu representación mental).
Autoestima: El valor que le das a lo anterior (si te gustas o no).
El problema es que el autoconcepto inicial es heredado. Si de pequeño tus padres (que eran tus dioses) te dijeron que eras “el tímido” o “el trasto”, te lo creíste. Eras un lienzo en blanco y ellos escribieron el primer capítulo.
Hoy, esas etiquetas se han pegado con pegamento industrial a tu identidad y condicionan tus decisiones: si crees que “no sabes hablar”, no hablarás.
El mapa no es el territorio
Imagina que dibujas un mapa de un país mirando solo desde la ventanilla de un coche en marcha. ¿Sería un mapa fiable? No. Sería incompleto y subjetivo.
Pues eso es lo que haces contigo mismo.
Tus creencias son mapas dibujados a mano alzada. Solemos demonizar las “creencias limitantes”, pero las creencias son solo herramientas:
Si crees que eres malo en deportes, te limita para ser acróbata...
...pero quizá te empodera para ser un gran lector.
El objetivo no es destruir tus creencias, sino entender que tu mapa está incompleto y que necesitas enriquecerlo.
El yo observador
¿Cómo salgo de mi propia cabeza? La PNL (Programación Neurolingüística) nos regala una herramienta brutal: La Metaposición.
Suena técnico, pero en realidad se trata de sentarte a comer palomitas mientras ves la película de tu vida. Consiste en dividirte en dos:
El que actúa (el que vive la experiencia).
El que observa (el que mira desde fuera sin juzgar).
Cuando logras observarte como si fueras un concursante de GH, ocurre la magia: te despersonalizas.
Ya no dices “Soy un desastre”. Dices: “Mira, esa persona está actuando de forma desorganizada en este momento”.
Parece un cambio pequeño, pero al quitarle la carga emocional, el monstruo se hace pequeño y deja de controlarte.
3 Pasos para reescribir tu guion
Para que esto no se quede en filosofía barata, aquí tienes el sistema práctico para hackear tu autoconcepto:
1. Haz de detective Busca las sentencias firmes en tu diálogo interno. Esas frases que empiezan por “Yo soy...” o “La gente siempre...”. Esas verdades absolutas son los barrotes de tu celda.
2. Cuestiona (Matiza, no destruyas) No te digas “es mentira”. Pregúntate: ¿Es esto verdad siempre? ¿En todos los contextos? Si crees que eres “lento”, busca en qué situaciones esa lentitud es en realidad “minuciosidad”. Enriquece la etiqueta.
3. Redefine y actúa (Con realismo) Al aflojar la creencia, verás grietas por donde colarte y actuar diferente. Ojo al dato realista: Avanzarás tres pasos y retrocederás dos. Volverán los viejos hábitos. No pasa nada. Te perdonas, te levantas y sigues.
Tú tienes el mando
El resumen es que tienes la responsabilidad de elegir quién eres, no de aceptar el papel que te dieron al nacer.
Pero recuerda el orden lógico:
Primero me conozco a mí.
Después te conozco a ti.
Finalmente, nos conozco a nosotros.
No puedes saltarte el paso uno. Cómo te relacionas contigo mismo es el espejo exacto de cómo te relacionarás con los demás.
Quiero saber en qué punto de este mapa estás tú. Como sabes, esto no va de gurús soltando lecciones, sino de caminar acompañados. He preparado unas preguntas muy breves para conocerte mejor, saber qué te frena y poder ayudarte de forma personalizada.
👉 [Cuéntame tu historia aquí (son solo 2 minutos)]
Nos vemos (y nos leemos) la semana que viene.
Un abrazo, Edgar.





