Hace unas semanas publiqué un reel sobre neurodivergencia y la respuesta de la gente me dejó claro algo:
Somos muchos los que sentimos que nuestra mente funciona a un ritmo distinto.
No busco diagnosticar a nadie (no es mi rol), pero sí quiero compartir lo que he aprendido en mis formaciones y en mi propia piel. Porque entender cómo funcionas no es ponerte una etiqueta: es empezar a tratarte con un poco más de amor propio.
Aquí te resumo los puntos clave de la conversación que ocurrió en los comentarios:
¿Quién soy yo para hablar de esto?
Me lo preguntasteis en comentarios y es una duda legítima.
Formación: Llevo dos años formándome con Javier de Diego Lozano en neurodivergencias y altas capacidades.
Experiencia: He dado clases a niños con altas capacidades y otras condiciones, colaborando en su fundación.
Lo más importante: Yo mismo soy neurodivergente. Investigo porque necesito entenderme a mí mismo tanto como tú.
No es una patología, es evolución
Tradicionalmente se ha visto como un “trastorno”. Yo prefiero verlo como una variación evolutiva.
La especie humana está “testeando” diferentes tipos de inteligencia.
No hay una barrera real entre “normales” y “divergentes”.
Todos estamos en un espectro. Algunos simplemente tenemos rasgos más acentuados.
Clasificación según la psicologia
La neurodivergencia es un paraguas que incluye:
TEA (Autismo) y TDAH.
Dislexia, Discalculia y Dispraxia.
Altas Capacidades (AACC) y transtorno del procesamiento Sensorial.
Muchos rasgos se solapan entre las diferentes condiciones. Puedes tener la mente a mil revoluciones y una sensibilidad extrema al mismo tiempo. Cada uno de nosotros es un cuadro complejo que hay que analizar.
El coste de “parecer normal” (Masking)
Los adultos neurodivergentes somos expertos en supervivencia. Hemos pasado décadas haciendo masking: forzarnos a actuar como los demás para encajar.
El diagnóstico en la adultez no tendria que ser un problema, debería ser el primer paso para permitirnos a nosotros mismos dejar de fingir.
Entender que tu cerebro es así te quita de encima culpas pesadas como “soy un vago”, “soy demasiado sensible” o “no sé controlarme”.
La mente a 12.000 revoluciones
Hablamos de adicciones. Las personas neurodivergentes solemos tener una respuesta hormonal más intensa ante estos estímulos.
Cualquier sustancia o estimulo “nos coloca” más.
Quedarse a solas con los pensamientos puede ser una tortura si tu mente no para.
A veces, las conductas evasivas son solo un intento de silenciar el ruido interno.
Conclusión: ¿Bendición o maldición?
Ni una ni otra. Simplemente representa tu forma de pensar y comportarte. Tener estos rasgos tiene retos agotadores, pero también es una forma única y bella de procesar la realidad.
La clave no es “curarse”, sino adaptar tu vida a quien eres, y no al revés.
¿Sientes que tu mente va por libre?
Me encantaría conocer tu historia y saber en qué punto te encuentras. Si te apetece que charlemos más de cerca, he preparado este pequeño formulario para saber quién está al otro lado de esta pantalla.
[Formulario de contacto]
Un abrazo,
Edgar






