Hoy quiero que nos metamos literalmente dentro de nuestra cabeza. Pero no vamos a dar una clase teórica de neuropsicología, sino que vamos a usar un símil que a mí me ayuda mucho a entender cómo funcionamos: comparar nuestro cerebro con un ordenador.
Al final, los ordenadores son hijos nuestros y los hemos diseñado a nuestra imagen y semejanza. Igual que un software puede colgarse o ir lento si la tarjeta gráfica no da para más, a nosotros nos pasa lo mismo. Vamos a analizar las 9 funciones ejecutivas de nuestro cerebro como si fueran componentes de hardware y software de nuestra propia arquitectura interna. Entender esto es clave, no para etiquetarnos, sino para conocernos mejor, dejar de machacarnos y entender por qué a veces nuestro “GPS” interno necesita recalcular.
1. Velocidad de procesamiento: El procesador
Es lo rápido que viajan los datos en tu cabeza. Hay personas con un procesador de última generación que pillan las bromas al vuelo o hacen cálculos mentales increíbles. Pero ojo, que alguien responda despacio no significa que su procesador sea peor; a veces es que prioriza la calidad de la información sobre la rapidez. Es como pasar un archivo de texto ligero (que vuela) frente a un vídeo en 4K (que tarda más). Muchas personas con TEA, por ejemplo, prefieren asegurar bien cada paso antes de hablar.
2. Memoria de trabajo: La memoria RAM
Es ese espacio limitado donde guardas la información que estás usando justo ahora. Imagina que intentas recordar un número de teléfono y, de camino, alguien te avisa de una reunión. Tu RAM se llena y, de repente, el número desaparece. Esto explica por qué las personas con TDAH a veces van a la cocina, miran un mensaje en el móvil y, al abrir la nevera, ya no saben qué buscaban. Aceptar los límites de tu propia RAM te ayuda a dejar de castigarte por ser “despistado”.
3. La inhibición: El Firewall
Es el cortafuegos que detiene los impulsos automáticos. Si alguien te insulta por la calle, tu instinto puede ser soltar un puñetazo, pero la inhibición pone la razón delante y frena la conducta. Es la base de la civilización. Un firewall muy permeable te hace impulsivo (común en el TDAH), mientras que uno muy rígido puede hacer que parezcas frío o te bloquees por miedo a salir de tu zona de confort.
4. Acceso a la memoria: El disco duro
Aquí guardamos terabytes de vivencias de toda una vida. El problema no suele ser que la información no esté, sino que el “bibliotecario” encargado de buscarla no es muy ágil. Es lo que pasa cuando tienes un nombre en la punta de la lengua: el archivo está en el disco duro, pero el sistema de búsqueda se ha quedado en blanco.
5. Ejecución dual: La doble pantalla
Es la capacidad de hacer dos cosas a la vez sin que una pise a la otra. Un ejemplo muy claro en las neurodivergencias es la dificultad con el contacto visual. Escuchar y, a la vez, procesar toda la información no verbal de la cara de otra persona consume tanta energía que, a veces, el sistema tiene que elegir: o te miro o te escucho bien, pero las dos pantallas a la vez nos cuelgan el sistema.
6. Flexibilidad cognitiva: La actualización del software
Es como el GPS que recalcula la ruta cuando te saltas una salida. Hay mentes con sistemas muy rígidos donde, si cambias el plan inicial, se produce un bloqueo total. La flexibilidad es lo que nos permite encontrar rutas alternativas y está íntimamente ligada a la creatividad: ser capaz de salir del molde establecido.
7. Planificación: La vista previa
Es el diagrama de flujo que creas antes de actuar. Te permite visualizar en el futuro los pasos necesarios para algo complejo. Es esa capacidad de “ver” cómo va a quedar la web antes de terminar de programarla.
8. Multitarea (Branching): El administrador de tareas
Parecido a la ejecución dual, pero con muchas más ventanas abiertas. Como bien sabemos, cuanto más le metas al administrador de tareas, más posibilidades hay de que el sistema se ralentice o acabe crasheando. En nuestro día a día, si no vamos “guardando el estado” de cada tarea, acabamos perdiendo información por el camino.
9. Toma de decisiones: El algoritmo
Aquí es donde procesamos todo lo anterior para elegir un camino. A veces este algoritmo funciona de forma muy intuitiva. Me pasa a menudo, y seguro que a vosotros también, que hay personas que “no trago” de entrada sin saber por qué. Mi cerebro ha detectado un patrón, una sutil falta de coherencia o una microexpresión que no me encaja, y el algoritmo me lanza un aviso antes de que yo pueda explicarlo racionalmente.
¿Para qué sirve todo este análisis? No es para que te sientas como un ordenador defectuoso, sino para que entiendas las instrucciones de tu propio sistema operativo. Si hoy tu RAM está saturada o tu firewall está demasiado rígido, no es porque seas “raro”, es porque tu arquitectura funciona así por una razón.
Con este autoconocimiento evitas machacarte o sentir culpa por no llegar a todo. Eres capaz de dejar que ese GPS recalcule sin entrar en pánico. Entender estas funciones te ayuda, en definitiva, a conectar con tu autenticidad y a relacionarte con los demás de una forma mucho más honesta y centrada.
P.D.
Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido.
Hablamos la semana que viene,
Un abrazo.
Edgar.










