Entre Humanos
Entre Humanos
Ir al cine tu solo
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Ir al cine tu solo

de fiesta, a un concierto, etc.

Hoy quiero hablar de un tema en el que me he visto involucrado muchas veces y que afecta a muchísimas personas en este momento donde la soledad parece una epidemia que lo arrasa todo.

Hablo del hecho de hacer actividades de ocio (esas que normalmente haríamos en pareja o con amigos) totalmente solo. No es nada nuevo decir que, si te vas a comer a un restaurante en solitario, es muy probable que percibas que el resto te mira con lástima, pensando: “Pobre, no tiene a nadie con quien venir”.

Pero hay otra realidad paralela: a veces, aunque tengas un círculo amplio de amistades, quieres hacer algo y nadie está disponible. En ese momento, solemos ceder y nos quedamos en casa. Lo que estamos haciendo, en el fondo, es dejar que la agenda de los demás dirija nuestra propia vida.

Mi propuesta es forzar ese ir solo a voluntad, incluso teniendo gente a disposición. Es un entrenamiento para eliminar la dependencia de terceros y cambiar ese lenguaje interno de “víctima” por una actitud de aventura y exploración.

No podemos negar que existe un miedo biológico, casi un pánico, a entrar solo en un sitio. Como animales sociales, nuestro instinto nos dice que estar fuera de la manada es peligroso. Sin embargo, ese miedo puede ser reacondicionado. Al igual que vas al gimnasio a fortalecer el bíceps, puedes “poner fuerte” tu vergüenza. Al principio cualquier peso pesa mucho y te sientes ridículo por novato, pero la clave es plantearse objetivos a corto plazo.

Tu único objetivo ese día debe ser el acto físico de salir de casa. Olvídate de conocer al amor de tu vida o de ser el alma de la fiesta. Si sales por la puerta, ya es un micro-éxito. Si entras al sitio y a los cinco minutos te agobias y te vas, está bien; ya has cumplido con tu entrenamiento.

El gran problema son las expectativas. Están en el futuro y no tenemos control sobre ellas. Si vas con la idea fija de conocer a alguien y no sucede porque los demás están cerrados en sus grupos, sentirás frustración y te machacarás a ti mismo. Estarías poniendo tu bienestar, otra vez, en manos de desconocidos.

Yo he aprendido a transformar la expectativa en una sensación del momento presente. En lugar de pensar qué quiero que pase, pienso en cómo quiero sentirme. Por ejemplo:

  • “Hoy solo quiero explorar y descubrir el lugar”.

  • “Hoy quiero disfrutar del techno, bailar y entrar en trance”.

Paradójicamente, cuando disfrutas de tu propia compañía sin la ansiedad de necesitar conectar, te vuelves mucho más magnético porque se te ve menos desesperado.

Las relaciones humanas tienen un componente de azar que debemos aceptar. Pero si te quedas en el sofá, las probabilidades de que algo te sorprenda son cero. Es como en el mundo de las ventas: de 50 personas a las que hablas, quizá solo conectas con una, pero tienes que estar ahí fuera para que esa probabilidad exista.

Incluso si te aburres o pasas algo de vergüenza, siempre aprendes algo sobre cómo reacciona tu mente ante la incomodidad. Eso sí, siempre con autocuidado. Para los que somos neurodivergentes, es vital medir nuestra energía social. Forzar la socialización más de la cuenta puede ser perjudicial.

Cuando vas solo es cuando ocurren las cosas más alucinantes. Siempre cuento que, viviendo en Ibiza, fui un dia solo a la playa a tomar una cerveza. Alguien me tiró sin querer una cerveza en la espalda y, unas horas después, terminé en el reservado de la discoteca más grande de la isla, invitado a todo y viviendo una fiesta increíble. Si hubiera ido acompañado, esa aventura jamás habría sucedido.

El premio final de todo este trabajo es la independencia emocional. Dejas de acudir a planes que no te gustan solo por no estar solo. Ahora, cuando quedas con alguien, es porque realmente quieres estar con esa persona, no por miedo al vacío. Esa tranquilidad interna se nota en tu postura, en tu mirada y en tu asertividad.

La próxima vez que veas un plan que te apetece, tómalo como una cita contigo mismo. Quédate contigo y descubre la riqueza interna que tienes. No te exijas nada más que estar ahí fuera. Al final, el viaje más importante no es hacia los demás, sino el que haces para sentirte cómodo en tu propia piel.

Hablo de esto porque me ha pasado. He sido una persona muy tímida a la que le costaba horrores relacionarse, y aunque sigo sin ser el primero en dar el paso, he aprendido a vivirlo así. Si esto os sirve de algo, me doy por satisfecho.

P.D.

Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido.

[ Formulario de contacto ]

Hablamos la semana que viene,

Un abrazo.

Edgar.

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