0:00
/
0:00
Transcripción

Confesiones de un autista

Recuerdos reveladores desbloqueados

Hoy quiero tratar un tema de manera muy personal: el autismo. Lo explicaré desde mi propia óptica y lo que me ha pasado. Aunque no tengo un diagnóstico oficial todavía y sigo un proceso de autoevaluación (con todos los retos que eso y el diagnóstico clínico suponen), los test más fiables me dan niveles bastante altos.

De ser así, soy un autista de alto funcionamiento que ha vivido con un gran enmascaramiento y una profunda negación de sí mismo. Al investigar y escuchar experiencias de otros, he ido desbloqueando recuerdos. Es un "click" habitual: situaciones que te avergonzaban porque creías que "no eras suficiente" o que tenías "problemas mentales", ahora encuentran su explicación en la neurodivergencia.

De pequeño era extremadamente tímido y casi no hablé hasta los 18 años. Mi madre siempre recuerda que, con solo cinco o seis años, le dije: "Mamá, la vida es muy pesada". Yo era un niño melancólico, un "viejoven" que sentía la realidad con una intensidad y profundidad inusuales.

En el colegio estaba totalmente en mi mundo, dibujando, escribiendo historias e imaginando cosas. Era tan inadaptado que me llevaron a una psicóloga. Curiosamente, sacaba aprobados raspados hasta que empecé a estudiar algo que de verdad me interesaba; ahí todo fueron nueves y dieces. No me adaptaba a un sistema sin interés para mí, así que funcionaba bajo otros paradigmas.

Socialmente, el autismo afectaba mi comprensión del cortejo y la seducción. Recuerdo con pánico a una niña en unas colonias que me "acorraló" porque le gustaba; mi única reacción fue esquivarla y evitarla a toda costa. A los 18, en un momento de intimidad con una chica, un amigo empezó a presionarnos para que nos liáramos; me puse tan tenso que hice un movimiento brusco, ella se asustó y no me volvió a hablar. Hoy entiendo que era una reacción física real a la presión y al contacto cercano.

En lo laboral, descubrí una capacidad operativa brutal. En mi primer trabajo en Telepizza, durante las noches de fútbol, gestionaba cinco telefonos a la vez con una velocidad de infarto. Siempre he sido un trabajador muy rápido y eficiente. Sin embargo, a los 23 años me fui a Ibiza buscando un "reset". Era una oportunidad para que nadie conociera mi pasado y poder perfeccionar mi masking (enmascaramiento).

Ejercer ese personaje público me daba grandes resultados sociales, pero a un coste interno alto. También me di cuenta de que soy un eterno iniciador de proyectos: organizo ideas con hojas de Excel detalladísimas, pero en cuanto aparece algo nuevo, abandono lo anterior. Hoy entiendo que todo eso se integra en un solo interés: la conducta humana y la comunicación.

Mi proceso de autoconocimiento estalló tras mi divorcio. En los momentos de conflicto de aquella relación, yo solía encerrarme en una habitación, ponerme las manos en la cabeza y balancearme. Me culpé y creí que estaba loco, pero ahora entiendo que era un meltdown en toda regla. Entender el espectro me ha hecho ser más compasivo conmigo mismo y con ella.

Después vino el burnout laboral. Trabajaba como comercial, un esfuerzo emocional agotador para alguien que lo absorbe todo. Tenía que parar 15 minutos en un banco después de cada visita para que la intensidad bajara. Acabé en cama con pánico, sufriendo ataques de ansiedad donde me temblaban las manos.

Hoy estoy en una etapa de escuchar a mi cuerpo y mis necesidades. Todo esto se vuelca en crear contenido y en este viaje de aprendizaje espectacular. No sé si volveré a trabajar como antes, pero tengo claro que mi energía ahora pertenece a este propósito.

Me encantaría saber si tú también has tenido estos momentos eureka en tu vida.

He preparado un formulario muy sencillo para conocer mejor vuestras historias y saber qué temas os preocupan más. Prometo leerte con la escucha de quien ha estado ahí.

[Formulario de contacto]

Nos vemos la semana que viene,

Edgar

Discusión sobre este video

Avatar de User

Por supuesto, sigue adelante.