Entre Humanos
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El problema de tener la razón
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El problema de tener la razón

Y no moverte de una posición extrema

¿No estáis como muy cansados de que se os obligue a estar siempre posicionado en uno de los extremos ideológicos en cualquier situación de la vida? ¿Por qué no se nos permite la duda existencial? Realmente decir que no sabemos lo que creemos sobre alguna cosa, no sabemos cómo plantearnos una situación, donde posicionarnos y quedarnos en un punto medio, en un punto de inflexión que puede resultar incómodo, pero también válido.

Al final yo, como más me planteo mi propia forma de pensar y mis creencias, y digamos que después de haber pasado por diferentes filosofías y haber estudiado o vivido ciertas prácticas religiosas dogmáticas, puedo decir que al final lo que más me encaja, lo que ha acabado cerrando el círculo de mi propia filosofía, es lo que yo llamo la integración, que no es para nada un concepto nuevo, es algo... que se ha utilizado muchísimo desde las diferentes filosofías de la New Age y la parte más espiritual, pero la integración, al final, es un concepto muy práctico, muy realista. La integración básicamente es aceptar que cualquier cosa (cualquier extremo de una situación) tiene su validez su razón de ser y, por lo tanto, su importancia y aquello que aportar. Sería intentar sacar lo bueno de ambos mundos.

Voy a poner algunos ejemplos de cómo se ha ido dando esta situación en la historia e incluso ahora en la actualidad o cómo se ha reflejado esto que estoy diciendo. Por poner un ejemplo, empecemos con las religiones. Inicialmente el ser humano tuvo conciencia de sí mismo y empezó a ponerle características divinas a aquellas cosas que se escapaban de su comprensión. Aquello que no podía él entender, pues decía que era un dios. Y a medida que hemos ido entendiendo más cosas, le hemos ido quitando esa... característica divina. Por eso al principio cosas como el sol, el río, la lluvia, hasta el jabalí, eran dioses.

Eso eran las religiones politeístas y con el tiempo se llegó a la idea de que solo había un dios que era aquello general como algo más grande que nosotros, que esos elementos de la naturaleza, que estaba fuera de este mundo físico, entonces eso era el Dios Uno. Y ahí aparecieron las religiones monoteístas. Primero empieza el judaísmo, senta las bases, luego viene, un tiempo después, el cristianismo, como rebeldemente para romper esas normas tan estrictas y esas formas de pensar del judaísmo e instaura el cristianismo. Pero luego, 500 años después, llega el Islam y hace lo propio con el cristianismo, como reformando y modernizando y actualizando esas ideas que tenían en cada una de esas religiones.

Pero el caso es que para ellos son polos completamente opuestos. Y todos sabemos que en realidad lo que piensan simplemente tiene ciertos matices, ciertos detalles un poco diferentes, pero al final todos son hermanos de la misma idea, de creer que existe algo superior a ellos, que es un ente único, omnipotente, omnipresente, y al que, según una persona religiosa, pues hay que rendirle pleitesía. Digamos que la idea general es la misma. Son hijos de lo mismo, pero se pelean por los detalles, por el cómo hacer las cosas, por las formas.

Vamos con otro ejemplo, un poco más actual, que yo incluso podría decir que es la nueva religión. La psicología, todo el tema del estudio de la mente. Inicialmente en la antigüedad, aquel que se dedicaba a estudiar la mente, a intentar entender qué pasaba en nuestro cerebro, era tratado más de brujo que de otra cosa. Era totalmente denostado por la sociedad, un “magufo”. Eso no era ciencia en ningún momento. Pero luego, con el tiempo se ha ido, digamos, haciendo mainstream, y se ha aceptado que la psiquiatría, ya era una parte más científica y más enfocada en la medicina, pues sí que tenía su validez. Y entonces todo el mundo estaba de acuerdo en que si había un enfermo mental, pues había que medicarlo. Y parecía lo más sensato, lo más lógico, lo que ayudaba a seguir manteniendo el estatus.

Pero más tarde llegan nuestros amigos Freud, Jung y traen la psicología. Y claro, la psicología también es reformista en cuanto a la psiquiatría, te está diciendo, hombre, no hace falta que les enchuféis drogas a todos para calmarlos. Y eso lo único que hace es detener los brotes, etc... Pero el problema sigue estando ahí porque no estás actuando en el origen. Entonces proponen analizar la mente, analizar los traumas, el pasado, todo esto a través de la conversación y el análisis. Y más tarde incluso llegan cosas como el coaching o el acompañamiento, la PNL, todas estas nuevas técnicas que proponen más un acto de presencia, de escucha activa y de devolución del discurso de la persona para poder tener ciertas revelaciones, algo incluso menos invasivo, menos directivo.

Y claro, reformando y denostando a la psicología. Y las peleas que tenemos y que hay entre todos, que al final somos, otra vez, hijos de lo mismo, son increíbles. O sea, no hay posibilidad de entendimiento entre las personas que, al fin y al cabo, están intentando entender y tratar los problemas de la mente. Y al final, pues, todos tienen parte razón, porque hay casos en los que un problema mental necesita de una medicación para poder hacer una vida normal y también es cierto que a base de conversación, análisis, escucha activa se pueden solucionar muchas cosas, se puede llegar al origen. Lo interesante de todo esto es que tenemos un hecho en concreto, una situación y hay una riqueza en el hecho de observarla desde diferentes puntos de vista. Pero no solo desde diferentes puntos de vista, sino con marcos conceptuales diferentes.

Entonces, claro, parecen cosas contradictorias cuando en realidad son compatibles. Pero si os fijáis, aunque estoy diciendo todo esto, no hay que irse al punto medio absoluto. Porque en realidad lo que sería el punto medio entre dos extremos, el equilibrio perfecto, no tiene movimiento. Y si no tiene movimiento, quiere decir que se asemeja un poco a la muerte, por decirlo de alguna manera. El corazón tiene sístole, diástole, ¿no? Y eso es lo que hace que estés vivo. Tienes que vivir, de alguna manera, apasionándote, defendiendo situaciones, defendiendo unos ideales, unos puntos de vista. Pero, eso tampoco te tiene que llevar a vivir al extremo de la negación del otro polo.

Lo que sucede es que cuando vives en ese punto, que para mí es el punto ideal, entre el equilibrio puro y cualquiera de ambos extremos que puedas encontrar, es un punto bastante incómodo de llevar porque cuando uno cree tener una razón absoluta, una creencia firme, vive tranquilo, no tiene que preguntarse nada, no tiene que ponerse en duda. Vivir en esos puntos intermedios es una presión constante de poner en duda y aceptar. Hay que hacer un esfuerzo muy grande para integrar esa otra parte en nuestro pensamiento. Es el pensamiento crítico, por decirlo de alguna manera.

Al final es innegable que no todo el mundo es capaz de estar en esa incertidumbre, en esa duda. Pero lo que está claro es que cuando escuchas a personas que tienen gran sabiduría, por lo menos desde mi punto de vista, aquel que ha llegado a un punto más elevado de conciencia, vive en la duda. Llega a la humildad de no saber. Cuanto más sé, menos sé. Entonces, yo personalmente huyo de aquellas personas que aseguran tener la razón al 100%. Y esto, si os metéis en redes sociales, veréis cómo estás ahí constantemente escuchando personas que hablan con una seguridad absoluta. Y de hecho, yo mismo estoy utilizando la pasión para hablar en este momento, pero reconozco en mí la incapacidad de asegurar nada a ciencia cierta, porque entonces estaría siendo deshonesto con la verdad en la que yo creo y conmigo mismo.

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