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Transcripción

Todos sufrimos de personalidad múltiple

y eso hace la vida mas interesante

A veces vemos a alguien murmurando por la calle y pensamos: “Pobre, ha perdido la cabeza”.

Nos han enseñado que la cordura es ser una pieza de metal sólida, inamovible y con una sola voz. Pero, si somos honestos… ¿quién de nosotros no tiene una conversación constante en su cabeza?

No hablamos solos. Hablamos con nosotros mismos. Y ese “nosotros” es, en realidad, un grupo de personas.

Kevin (Split/Múltiple)

En la película Split, el protagonista convive con 23 personalidades. Aunque es ficción, muestra una idea psicológica real: nuestras partes más “oscuras” o difíciles suelen nacer como mecanismos de protección.

  • Dennis (el frío/obsesivo): No es “malo”, es necesario para sobrevivir al caos.

  • Patricia (la educada): Pone orden al caos de los demás.

  • Hedwig: El niño caprichoso que quiere ser visto y sentirse capaz.

Tu “lado oscuro” es un escudo que apareció cuando el mundo a tu alrededor se complicaba.

Tu mente es un teatro

Olvida la idea de ser una sola identidad. Imagina que eres un teatro con butacas de terciopelo y una obra en sesión continua.

En ese escenario, hay muchos actores:

  • El Dramático: Que cree que el mundo se acaba hoy.

  • El Cómico: Que hace chistes inapropiados para que no duela la tensión.

  • El Crítico: Que nunca está satisfecho con la función.

El error común es Identificarnos con el actor que está en escena y decir “Yo soy así”. La realidad es que tú no eres el actor que se encuentra en función; tú eres el teatro entero.

Los “indeseables” del sótano

En todo teatro hay una Administración (las normas sociales) que decide qué actores salen al foco y a quiénes encerramos en el sótano.

Solemos encerrar a la rabia, la envidia o la vulnerabilidad. Pero aquí está el problema: lo que se reprime, explota. Si encierras a un actor en un camerino durante diez años, el día que tire la puerta abajo saldrá gritando y romperá el decorado. Eso es un ataque de ira o una crisis de ansiedad: un personaje silenciado tomando el escenario por la fuerza.

¿Cómo dirigir tu propia obra?

No se trata de echar a los actores que no te gustan, sino de aprender a gestionarlos. Te propongo tres pasos:

  1. Cambia el lenguaje: En lugar de decir “Estoy enfadado”, di: “Uno de ellos está enfadado”. Esto te devuelve la silla de director.

  2. Haz un casting de tus sombras: Pregúntate: ¿A quién tengo encerrado en el sótano? ¿Hace cuánto que no dejo salir a mi “Bufón” o a mi “Rebelde”?

  3. Dales 10 minutos de escenario: No necesitas quemarlo todo, pero tu “Guerrero” necesita expresarse. Haz deporte intenso, escribe una carta incendiaria que no enviarás o busca una conversación honesta.

La autenticidad no es ser siempre el mismo. Es tener la libertad de dejar que cada parte de ti tenga su momento bajo el foco de forma consciente.

Eres una sinfonía (a veces una banda de jazz un poco caótica). Y eso está bien.

Me encantaría saber qué “actores” suelen tomar tu escenario y cuáles tienes más olvidados. Si tienes dos minutos, [rellena este formulario] para que pueda crear contenido que te sea realmente útil. Prometo leerte con escucha absoluta y sin juicio.

Un abrazo,

Edgar.

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Por supuesto, sigue adelante.