Hoy quiero que hablemos de cómo nos comunicamos con esos seres humanos que están al otro lado de las pantallas. A veces parece que la gente de las redes sociales son una masa uniforme e indisoluble, pero en realidad son seres individuales y únicos, mucho más reales de lo que parece a simple vista.
Meta-inciso:
Antes de entrar en materia, os habréis fijado en un cambio: he decidido pasarme al audio puro. He dejado de grabar vídeo para el podcast por una cuestión de gestión de energía ND. Estar frente a la cámara desgasta; te obliga a estar pendiente de la imagen, de los gestos, de si vas despeinado o sin afeitar. Al eliminar el vídeo, me quito un peso de encima y me centro en lo que de verdad importa: la voz y el mensaje. No sabéis como tengo el pelo hoy; lo que busco aquí es la conexión pura, sin el filtro del autoconcepto estético.
Lo primero que quiero aclarar es que esto no es una guía para tener éxito o ganar miles de seguidores. Hay muchos creadores que van en esa linea, mejores que yo. Lo que propongo es una óptica personal: la satisfacción de expresar lo que uno lleva dentro y de conectar con otros desde el lado más humano.
Todos tenemos la necesidad de ser escuchados, de encontrar una “otredad” para nuestras ideas. El problema surge cuando nuestro entorno físico inmediato no comparte nuestros intereses o cuando nuestra propia dificultad para socializar nos impide tener un círculo de intereses variados. Ahí es donde internet es, sencillamente, la hostia. Te permite encontrar a personas interesadas en lo mismo que tú, por muy “nicho de cola larga” que sea.
Para mí, la vida virtual debe ser un espacio de expresión y construcción propia. Es como tener una casa digital: un lugar donde tú decides quién entra, cómo lo decoras y qué sucede dentro.
El Qué
A la hora de crear contenido, el error más común es intentar imitar lo que está de moda (sea el estoicismo, el fitness o cualquier tendencia del momento) solo porque esta funcionando. Mi propuesta es diferente: haz un ejercicio de introspección y busca tu propio idioma.
Cuando hables a la cámara o al micro, no le hables a una masa indefinida. Ponle cara. En marketing lo llaman “público objetivo”, pero yo prefiero pensar en alguien que es exactamente igual que tú. Háblale a esa persona que tiene tu misma edad, tus mismos intereses y tu misma forma de ver el mundo.
Si no hablas de algo que te apasione, de algo de lo que podrías estar “pegando la chapa” durante horas con tus amigos, te vas a quemar. La obligación racional de hablar de lo que “toca” solo trae frustración y no se sostiene en el tiempo.
El Cómo
Estamos en un momento extraño. La IA está generando contenido masivo de calidad estándar y mediocre. Muchos se asustan, pero yo lo veo como una oportunidad. Si la máquina puede hacer lo estándar, los humanos estamos obligados a redescubrir lo que nos hace únicos.
Nuestra ventaja competitiva no es la eficiencia, sino la creatividad y la conexión emocional profunda que una máquina nunca podrá replicar. Debemos potenciar nuestra capacidad artística, filosófica y espiritual. Mientras las redes se vuelven cada vez más neutras y políticamente correctas (para no espantar a los anunciantes), nuestra oportunidad reside en la honestidad y la falta de control.
No hace falta ser perfecto. De hecho, mostrar que te equivocas es mucho más potente. Yo mismo estoy en constante transformación, cambiando cosas que antes creía ciertas pero que ya no me funcionan. Compartir tus fallos te hace ser de carne y hueso.
También hay que decidir desde dónde cuentas las cosas. Puedes hacerlo desde la divulgación, compartiendo lo que aprendes en libros o documentales, sirviendo como red de información para otros. O puedes hacerlo desde lo personal, compartiendo tu propia vida. Ambas son válidas, siempre que mantengas una “higiene informativa”. Es nuestra responsabilidad verificar lo que compartimos y evitar el “clickbait” emocional o el “rage bait” (generar rabia para obtener atención). Buscar atención de forma infantil no construye nada.
El Dónde
No tienes que estar en todos lados todo el tiempo. Busca los lugares donde tú mismo te sientas cómodo consumiendo contenido. Por ejemplo, yo publico en TikTok por que sí, pero si soy honesto, no conecto con esa red; me agota el entretenimiento sin sentido. Yo prefiero los podcasts y los videoensayos de horas donde se analiza la psicología y la filosofía a fondo. Busca tu sitio, donde hablen tu idioma.
Para terminar, recordad que detrás de cada avatar de anime o de cada perfil extraño hay una persona real. No perdamos la empatía. En este mundo digital, podemos ser un servicio y una ayuda para los demás, pero también para nosotros mismos: como terapia, como desahogo y como motor de transformación.
Si recibes críticas, recuerda que no son una masa contra ti. Si juntas todos los comentarios y los ves como una sola persona, verás que el 95% son positivos y el 5% restante es alguien que simplemente no está entendiendo nada. Si tu hablas desde el respeto, no hay nada que se pueda reprochar.
Al final, se trata de demostrar aquello que nos hace humanos. De eso trata este podcast, aunque a veces nos sintamos un poco extraterrestres.
P.D.
Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido.
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Hablamos la semana que viene,
Un abrazo.
Edgar.










